miércoles, 25 de septiembre de 2013

Lunes 2 de septiembre* De Frankfurt a Kuala Lumpur

Esta sera la primer entrada del blog que se relaciona con esta nueva etapa de mi vida.. ¿la de viajero?.
A modo de proyecto personal, todo será redactado en 3ra persona, no porque quiera ser un nuevo Maradona o intentar iconizarme con exéntricos trucos, sino porque me gusta la idea de tratar de ser un poquitito diferente a la mayoría y más parecido al resto, los que sí publican libros. Algunas cosas serán verídicas y otras no tanto. Las modificaciones serán o bien para ocultar a los protagonistas o bien para reservar mi intimidad un cachito.
* Pero un poquito demorada la publicación – detalles técnicos.




Pablo lo pasó más bien ansioso, comenzaba una etapa agridulce, porque ese nuevo comienzo implicaba el final de uno anterior sobre la que el había puesto (y no en solitario, cosa que le había otorgado una dimensión aún más dramática) tantas expectativas que derivaron en una fuerte apuesta. Ambos perdieron, y de todos los mundo posibles, este es el que estaba sucediendo
.

Asi, aunque ya llevaba un mes o quizás un poco más planeando la estrategia a seguir y los detalles operativos, el viaje desde un lugar seguro a otro: desde lo que fuese su vivienda en Rep. Checa, primero con Andrés y Ewelina y, luego, solo con Ewelina en Orelska 16, hasta una cama horizontal en donde sea, tomó este tiempo parecido al de la foto -->

En su opinión, el trayecto inicial había tenido todo: mal dormir, malos aterrizajes, mala comida de avión y la consecuente mala visita a malos baños. Pero la negatividad para nada era la nota principal. Bien sabía que existen cosas buenas y que difícilmente se pueda encontrar alguna realidad completa y totalmente mala (el Filósofo lo podía demostrar argumentativamente, Pablo quizás ya no). Si hay una realidad absolutamente buena queda para otra discusión (al igual que si el Filósofo tan solo lo decía, quizás lo intuía, o en realidad más bien le importaba poco).

Dos cosas le pasaron que emergían del devenir de la historia, y ambas le ocurrieron el 2 de septiembre; porque hablar de lo cómodo de los amarillos camino a Frankurt o de lo frio de su aeropuerto pero en cambio lo adorable que le resultó la ciudad - y para no perderlo, aquí unas fotos- no tendría tanto valor literario
También podría mencionar el aire familiar del Aeropuerto de Colombo, aunque en calidad de primos segundos con el de Hurghada, claro referente mundial en in-seguridad aeroportuaria, o los lindos momentos vividos de los últimos días en Praga.

Sin embargo, estos dos sucesos son icónicos. El primero: la perdida de su adorado Kindle (c). El otro, la llegada a lo de su adorable y malay Couch.

Nuestro muchacho amaba a ese Kindle. No tenia nombre propio (cosa que si sucede con un montón de sus otras cosas -su cámara Matilda, su bajo Gretel, su ex auto Víctor, el anterior Eugenio, y otros de los que no se avergonzaba pero jamás compartía con otro ser humano) porque, simplemente, era “El Kindle de Pablo” -a veces Amazon.com le sabía tan sabio. Resulta que fue un regalo de una persona muy especial para él y, a decir verdad, uno de los mejores que le habían hecho en su vida. Incluso le había comprado una funda, cosa nada desdeñable teniendo en cuenta su actitud general hacia lo electro-informático. Durante todos sus estudios universitarios e incluso luego de estos, acostumbraba llevar libros en los transportes públicos, a veces grandes, a veces pequeños. Ocasionalmente también lo acompañaba algo de música, pero primordialmente eran lecturas lo que lo deslizaba por el tránsito porteño. Lo mismo, tenía en Buenos Aires cajas y cajas con libros los cuales, mudanza tras mudanza, adquirían mas y mayor peso. Los adora, le encantan aunque no sea uno de sus placeres olerlos -ya sean nuevos o usados; pero el Kindle tenía ese tamaño perfecto. Incluso era junto a el, en su funda, donde guardaba su pasaporte y documento en la Rep Checa, ya que en los bolsillos se arruinaban. Lo llevaba a todos lados, era su nuevo y perfecto compañero.

No sabía donde lo había perdido, aunque providencialmente y en un momento de lucidez, antes del desgraciado suceso, sacó su pasaporte de la funda y se lo metió en el bolsillo (su extravío hubiera sido una desgracia de tamaños catastróficos; lo único positivo es que Malasia era un lugar económico en caso de quedarse varado). Seguramente fue allí donde lo extravió, en el avión. El 3, al día siguiente, intentó comunicarse con la aerolínea que lo había llevado hasta Kuala Lumpur, esa misma aerolínea que ahora no le atendía el teléfono. Jamás tuvo éxito.

Y para no hacer más larga la historia: eso. Extraña mucho su Kindle.. aún sueña (es posta) que lo va a encontrar en la mochila que ya ha vaciado 5 veces porque no-puede-creer-que-sea-tan-pe-lo-*-do.

La segunda historia es una historia de desaciertos y de bondad humana. Digamos que el protagonista central es un chofer de Mini-autobus que no tiene nada que envidiarle a la “Camioneta de Jorge”, que en paz descanse... vehículo que lo había llevado a su hogar incontables veces desde el Colegio La Salle donde cursó sus estudios primarios (era como la diligencia que iba al FAR WEST -zona Almagro, Caballito, Flores y seguramente más allá también).

Resulta que tenía el teléfono de su host, quien le sugirió que se tome el tren hasta RAWANG y de ahí un autobus hasta Bandar Tasik Puteri y que se baje en la última estación. El viaje se veía más o menos así:

Y el mensaje de texto.. asi:

Claro, su host estaba convencida, a sus 59 años, que sus indicaciones eran todas afirmaciones unívocas. Pero el mundo evoluciona, es cambio permanente, es fluir constante: lo que era ya no es y lo que fue será. Una prueba empírica podría ser que a Pablo le costó unos 30 minutos encontrar dos personas que se pusiesen de acuerdo, por separado, acerca del lugar donde podía tomarse un autobus hacia dicho vecindario cuyo nombre tanto rememora zonas oscuras de la moral hispano-cristiana.
Finalmente dentro del autobus, los equívocos continuaron en profundidad porque resulta que la linea 34 hacía un recorrido que giraba en redondo e iba mucho más alla de Bandar Tasik Puteri.

En la Wiki, su único medio informativo de este país (esta vuelta viajó sin Lonley Planet) decía que el inglés es idioma oficial, aparte del Malay: debe significar que es idioma que usan en el aeropuerto, porque los tipos de acá no entiendían ni puta y Pablo juraba que no era por el acento. Dos individuos, un aparente contador y una aparente secretaria le dieron una manito. Estaban preocupados, no por su seguridad, sino porque cualquier error podría significar dormir a la húmeda intemperie: era tarde y tampoco es que los autobuses pasaran cada 15 minutos. En el imaginario pableano, alguien te termina levantando en la ruta, pero hay que darle la derecha a los locales.

Insistían e insistían, sobre todo cuando la última angloparlante se bajaba y era en medio de la nada (a donde iría ella?) asique Pablo llamó (ya para ese entonces era por segunda vez desde el minubus) a su host. Ella y la aparente secretaria comenzaron a dialogar en su propia -y secreta- lengua y cuando la persona que Pablo tenía en frente cambió la expresión y esbozó una leve sonrisa que mostraba sus contrastantes dientes, todos en el móvil descubrieron que el extranjero debió haberse bajado unos 20 minutos antes para llegar al punto de encuentro. Es una historia sin moraleja, pero el copado del chófer lo llevó de vuelta a él solito, y después se volvió para hacer su recorrido. Un divino. Su nombre Jahzan.

Algunas palabras sobre el hombre. Le hablaba a todas las minas, un crack y eso que allí no se cumple aquella norma que reza que las mujeres son lindas en todos lados. Jamás Pablo había hablado con tantos hombres en un viaje. Le atemorizaba preguntar lo que sea a las chicas. Aparte de eso, y de hablar una nada de inglés, el chofer le dió una mano enorme, al único GCU que Pablo vió desde que salió del área Aeropuerto de Kuala Lumpur. Gracias Jahzan, se ha vuelto a demostrar que la mayoría de la gente es más bien buena antes que mala.



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Impresiones de Malasia:
*en primera persona o este-si-soy-yo

Jezizmarie, es el reino de la comida, increíblemente económica, increíblemente no tan picante (a pedido, claro) e increíblemente onmipresente. La cantidad de negocios y locales para comer (hablo de Rawang y de Bandar Tasik Puteri) parece desafiar la inconmensurable cantidad de negocios, locales e improvisadísimas tiendas que venden celulares Samsung SIII y S4 dudosamente nuevos y sospechosamente usados.

Y como conclusión final.. este país me mostró que el los académicos hispánicos a veces tienen poca imaginación. Malasia en inglés es Malaysia: cómo llamar distinta a la tierra de los Malay? En nuestra lengua, pareciera que con este país, que da la impresión de caerse un poco del mapa, Asia hizo mal las cosas y nosotros se lo recordamos permanentemente. Lo se, son conclusiones estúpidas, pero quería escribir para recordar que el pueblo se llama Malay, hablan Malay y que es tu tierra, algo así como Malaynía o Malayona.


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