sábado, 9 de marzo de 2013

Una nueva escala de valores


Una nueva escala de valores.
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Vamos a sincerarnos.. Los vinos checos no son buenos. Al menos los que probé no lo eran, y gracias a la tendencia negativa en las autocríticas (idiosincracia) y un invierno pasado muy oscuro (casualidad), no se requiere de mucha diplomacia para asegurar que los vinos checos apenas si servirían para cocinar. Podemos distinguir para unir y afirmar que si bien los vinos bohemos son malos, los moravos son mejores (es especial el blanco, que refunfuña diciendo de él mismo que no es tan malo); pero también tenemos que la falta de sol es determinante para que el carácter de los vinos locales sea invariablemente malo. Aun en la Statni Opera, donde locales, expatriados (Ja) y turistas pueden disfrutar a precios accesibles de representaciones que van desde lo respetable a lo magnífico, uno difícilmente (y hablo por experiencia propia) puede dar lugar al mayor lugar común en estas tierras y, en un intento de sofisticación -porque ver personas en jean y zapatillas causa cierta aversión visual que bien se lastimaría no solo a mi abuelo sino al pobre de Dvořak, teniendo en cuenta que estamos en el siglo XXI, uno acude o al Bohemian Sekt (champaigne), que es seco seco, o a una copa de vino. Ilustres son las expresiones de aquellos que quisieron amoldarse al realmente impresionante y hermoso edificio (¿con aire vienes?) y olvidaron que los checos no querían participar de la Primer Guerra Mundial junto a los Habsburgo y sabían que lo mejor que les tocaba era tomarse una pivo v Hospodě nebo v Statnii Opeře (cerveza en el bar o en la Ópera).

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